Hace un momento me has dicho por enésima vez que me despida. Estás cansado y quieres dormir, y yo de verdad que lo siento por haberte arrastrado con mi llanto. Te prometo que no es el síndrome de abstinencia, lo que me pasa ahora mismo. Con la tontería me pensaba que tu risa se iba por ahí para no volver. Creo que se me han quebrado los oídos porque hace ya tiempo que no me viene a visitar. Y, de verdad, no quiero que me malinterpretes: no te quiero para mí ni nada por el estilo, pero un poco de tu poesía por mi espalda desnuda no viene mal, de vez en cuando. ¿Sabes lo que más gracia me hace de todo esto? Que tengo la sensación de que las metáforas van a jugarte una mala pasada, así que te imagino despertándote por la mañana y leyendo esto. Bueno, más bien intentando descrifrar el variado surtido de frases inconexas que se escampan por la pantalla de mi móvil. Llevo un rato escribiendo y, de verdad te lo digo, ya estoy mejor. Hace un rato, los lagrimones que me resbalaban rodando por la cara eran de desconsuelo; ahora lloro un poquito al recordar que, pese a todo, hemos forjado algo entre los dos, simplemente con la ayuda de un paseo con olor a mar, un puñado de besos y unas cuantas cajas de condones. Y sin embargo ahora mismo todo parece más complicado si nos lo ponemos a comparar con la simplicidad del principio, donde nos servía una fiesta descontrolada y un paseo tímido por el centro, con mucho que decir pero con la cabeza mirando hacia abajo y tú llevandome a caballito por un lugar donde no habíamos estado nunca mientras lucías mi antiguo gorro de lana negro que, esa misma noche, me dejé olvidado en un bar. Joder, parece mentira todo lo que he escrito ya, así del tirón, sin releer nada en ningún momento. Parece que voy a dejarlo ya, que son más de las dos y media de la madrugada y voy a recaer en el síndrome del insomnio del poeta, no sin antes revisar la ortografía y despedirme de ti, que ha sido el motivo principal por el que he escrito esto. Así que ya sabes, porque esto me lo enseñaste tú poco después de conocernos: duerme noches, que significa "duerme bien y buenas noches". Y, por favor, no olvides insertar un camamar (no un calamar), un elefante igual de genial que Dumbi y un huequecito para el amor que te envío, ahora y siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario